Descubriendo el secreto
Durante la mayor parte de la historia humana no conocíamos
porqué las crías se parecían a sus padres. Fue un
monje que trabajaba en un jardín de guisantes el que descubrió
la verdad. Con esto comenzó la primera etapa de los descubrimientos
genéticos.
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1909 Una palabra nueva
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Wilhem Johannsen, un botánico
danés, acuñó el término “gen”
de la palabra griega que significa “por nacer”.
Esta palabra reemplazó el término “factores”,
que había sugerido Mendel como que eran los responsables
de transmitir las características. Los genes ahora
tenían nombre, pero nadie sabía qué eran
o cómo funcionaban.
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1911 Genes en los cromosomas
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Desde
los años 1880, los científicos habían
observado estructuras parecidas a hebras en el núcleo
de la célula que denominaron “cromosomas”.
En 1902, Walter Sutton, un estudiante graduado de la Universidad
de Columbia, sugirió que los cromosomas contenían
genes. Thomas Hunt Morgan, que también estudiaba en
Columbia, lo comprobó en 1911. Trabajando con moscas
fruteras, él y sus estudiantes descubrieron que los
genes parecían estar fijos a lo largo de los cromosomas.
En efecto, eran las unidades de la herencia. |
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1943 ¿Pudieran ser los genes el ADN?
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Para los años
1920, Frederick Griffith del Ministerio de Salud del Reino
Unido en Londres, había notado que bacterias inofensivas
se convertían en mortales cuando se mezclaban con bacterias
peligrosas. ¿Estarían las bacterias peligrosas
transmitiéndole sus genes? En 1943, el investigador
norteamericano Oswald Avery, del Instituto Rockefeller de
Nueva York, descubrió que las bacterias peligrosas
transmitían el ADN. Entonces, ¿estaban los genes
hechos de ADN? Avery entendía que sí. Pero,
como la mayoría de los científicos aún
consideraban la proteína como el transportador de los
genes, el trabajo de Avery no tuvo aceptación hasta
los años 1950. |
1944 Genes saltarines
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El maíz
no siempre sigue las reglas de herencia de Mendel, y Barbara
McClintock, que trabajaba en el Laboratorio de Cold Spring
Harbor en Long Island, Nueva York, quería saber por
qué. Para sorpresa de todos (e incredulidad) ella descubrió
que algunos genes no estaban fijos en los cromosomas –
se escurrían y hasta brincaban a diferentes cromosomas.
En 1983, se ganó un premio Nobel por descubrir “genes
saltarines”. |
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1952 Los genes son el ADN
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Los virus
infectan las bacterias al inyectarle sus genes. Alfred Hershey
y Martha Chase del Laboratorio de Cold Spring Harbor querían
saber si esos genes eran proteína o ADN. Con un experimento
sencillo, utilizando una mezcladora de cocina descubrieron
que los virus inyectan las bacterias con ADN, no proteína.
Para el 1943, Avery lo había dicho. Los genes son ADN.
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1953 “Encontramos el secreto de la vida”.
Francis Crick
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¿Qué
es el ADN y cómo funciona? La respuesta a esa pregunta
vino del biólogo norteamericano James Watson y el físico
británico Francis Crick, ambos de la Universidad de
Cambridge en Inglaterra. Construyendo modelos caseros principalmente
fundamentados en la investigación de otros científicos,
ellos descubrieron la forma del ADN- una doble hélice.
Mirando la forma de las dos hélices, pudieron ver cómo
trabajaba. Cada hebra servía como un molde o plantilla
para reproducirse a sí misma. A esto se le ha llamado
el descubrimiento biológico más importante del
siglo 20. En 1962, Watson y Crick , junto con su colega investigador
Maurice Wilkins, se ganaron el premio Nobel. |
Dando con el código
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El descubrimiento de
la doble hélice del ADN fue un avance asombroso, pero
generó muchas preguntas. ¿Qué significan
todas esas letras del ADN? ¿Cuál es el código?
¿Cómo viajan las recetas del núcleo a
las fábricas de proteína fuera del núcleo?
¿Cómo funciona el proceso de fabricación
de las proteínas? La próxima etapa de descubrimientos
dio con el código de la receta genética de la
vida. |
1957 ¿Un eslabón perdido?
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El ADN
no era la única molécula implicada en la fabricación
de proteínas. El ARN, un químico primo del ADN,
también formaba parte de la combinación. Esto
lo descubrió Elliot Volkin y Lazarus Astrachan, que
trabajaban en lo que ahora se conoce como Oak Ridge National
Laboratories en Tennessee. Para sorpresa de todos, parecía
que el ARN, y no el ADN, controlaba la traducción de
las recetas genéticas en proteínas.
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1961 Un mensajero conocido como ARN
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¿Cómo se traslada
una receta genética fuera del núcleo celular?
Un mensajero la transporta. Ese fue el descubrimiento del científico
británico Sydney Brenner, que trabajaba en la Universidad
de Cambridge. Él encontró que el ARN actúa
como un mensajero (conocido como mARN), llevando el mensaje
del ADN a la “fábrica” de proteínas
(ribosomas) en las afueras de la célula. Ahora estaba
completo el vínculo del ADN al ARN a las proteínas. |
1961 Dando con el código

Marshal Nirenburg |
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¿Cómo el ADN le dice al ARN
que fabrique proteínas? La respuesta surgió
cuando Marshall Nirenberg y sus colegas de los Institutos
Nacionales de la Salud en Bethesda, Maryland, revelaron el
código para una palabra de tres letras (denominada
codón) en la receta genética de la vida. Un
codón compone la receta de un amino ácido, que
es la base de una proteína. Para 1966, los científicos
podían leer los codones para todos los 20 amino ácidos
que componen las proteínas. |
Corta y pega
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Ahora
los científicos están listos para revelar la
función de las recetas genéticas específicas
y las proteínas específicas. Una manera de descubrir
cómo algo funciona es removiéndole una parte
y ver qué sucede sin ella. Para hacer esto, los científicos
se inventaron técnicas para cortar y pegar genes. Esta
etapa del descubrimiento proveyó las herramientas básicas
para leer los códigos de un genoma entero.
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1968 Corta aquí…
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Para cortar y pegar
se necesitan tijeras. Las primeras “tijeras moleculares”
(denominadas enzimas de restricción) fueron descubiertas
por Hamilton Smith, de la Universidad de Johns Hopkins en
Baltimore. Con estas tijeras, los científicos podían
cortar pedazos del ADN de un genoma y experimentar con genes
específicos para averiguar lo que hacen. Por este descubrimiento,
Smith compartió un premio Nobel en 1978 con su colega
Daniel Nathans. |
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1973 Fábricas genéticas

Herbert Boyer |
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¿Se
puede cortar un gen de una especie y pegarlo en otra? Eso
fue lo que hicieron Stanley Cohen y Herbert Boyer de la Universidad
de California en San Francisco – cortaron el gen de
un virus y lo pegaron en una bacteria. Cuando la bacteria
se reprodujo, hizo copias del gen del virus. Los investigadores
demostraron que las bacterias podían convertirse en
fábricas de proteínas. Al recombinar genes de
esta manera, Cohen y Boyer fundaron la tecnología de
“recombinación” del ADN.
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1975 Secuencia acelerada
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Los científicos
podían leer la orden, o secuencia, de millones de letras
del ADN, pero sólo una a una. Ese trabajo duro y que
demoraba tanto se hizo más fácil cuando Fred
Sanger, de la Universidad de Cambridge , desarrolló
el primer método rápido para “secuenciar”
– denominado el método de terminación
de cadena. En 1980, Sanger ganó el premio Nobel por
su invención, junto con Walter Gilbert, de la Universidad
de Harvard, que inventó otro proceso para secuenciar.
El método de Sanger es la base de la tecnología
actual para la secuencia automatizada.
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1977 ADN “Basura”
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Durante décadas, los científicos
pensaban que la mayor parte del ADN contenía genes
y que todo el gen era una receta para una proteína.
Dos norteamericanos, Phillip Sharp de MIT y Richard Roberts
de Cal Tech, desmoronaron la idea. Ellos encontraron que la
mayor parte del ADN es una receta que no sirve para nada,
y que dentro del gen hay secciones largas del ADN que aparentan
no tener ninguna utilidad. Sharp y Roberts ganaron el premio
Nobel en 1993 al descubrir el ADN “basura”.
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1981 Cambio de genes
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Si los
genes de las bacterias y los virus pueden recombinarse, ¿por
qué no los genes de los mamíferos? Para entender
mejor los genes, Frank Costantini y Elizabeth Lacy, de los
Laboratorios Cold Spring Harbor, inyectaron genes de conejos
a óvulos fertilizados de ratones. Los ratones procreados
parecían y actuaban como ratones, pero producían
células sanguíneas de conejos. Investigaciones
como éstas con animales “transgénicos”
proveen a los científicos nuevas maneras de probar
cómo trabajan los genes.
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La carrera hacia la frontera
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Para
los años 1980, los geneticistas cortaban, pegaban y
copiaban genes con facilidad. Mientras descifraban los genomas
de varios virus y bacterias, surgió una idea radical
- ¿por qué no controlamos todo el código
del ADN humano? Esta etapa de descubrimiento produjo uno de
nuestros mayores logros científicos – la determinación
de la secuencia del genoma humano en su totalidad.
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1983 Máquina de copia del ADN
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El estudio
de los genes requería grandes cantidades de material
genético costoso. El bioquímico Kary Mullis,
que en ese momento trabajaba con Cetus Corporation en Emeryville,
California, revolucionó la genética. Mientras
manejaba por la costa una noche, se le ocurrió una
manera rápida y económica de hacer muchas copias
de una pequeña porción del ADN. Su técnica,
conocida como reacción en cadena de la polimerasa (PCR,
por sus siglas en inglés) tiene una importancia especial
para las pruebas genéticas y la huella del ADN. En
1993, Mullis ganó el premio Nobel por su descubrimiento.
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1986 Más rápido, más rápido.
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Aun los
métodos “rápidos” para secuenciar
los genes eran lentos – los científicos sólo
podían leer cerca de 500 letras del ADN diariamente.
Leroy Hood y sus colegas del Cal Tech inventaron la primera
máquina automatizada para secuenciar. Podía
leer 15,000 letras o más al día. Por primera
vez, el sueño mayor de los científicos de leer
el genoma humano en su totalidad parecía una realidad.
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¿Cuál es la próxima etapa?
“Hoy
… no es el fin de la ciencia del genoma, sino, tal vez, es
el fin del comienzo. Juntos debemos desarrollar los avances de la
medicina que son la verdadera razón de este trabajo. Y con
tal vez el mismo vigor, debemos proveer las protecciones contra
el potencial de la mala utilización de la información
genética … debemos aplicarle la misma energía
y atención para resolver los asuntos éticos, legales
y sociales que le aplicamos a la investigación”.
—Dr. Francis Collins, director del Instituto Nacional
de Investigación del Genoma Humano’, 26 de junio de 2000
“Algunos me han dicho que secuenciar el genoma humano apagará
la humanidad al quitarle el misterio a la vida … No hay nada
más lejos de la verdad. Las complejidades y las maravillas
de cómo unos químicos inanimados, que son nuestro
código genético, hacen surgir los imponderables del
espíritu humano pueden mantener inspirados a poetas y a filósofos
por milenios”.
—Dr. J. Craig Venter, entonces presidente de Celera Genomics,
26 de junio de 2000
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